Sin aulas hay escuela

Dicen que en la antigüedad las clases se daban al aire libre. En aquella época, los más pequeños se quedaban boquiabiertos ante las clases magistrales que los maestros impartían en medio de la naturaleza, respirando aire puro y en un ambiente distendido.

Aún siendo conscientes de las ventajas que suponen este tipo de entornos para el aprendizaje, durante la Edad Media este modelo de enseñanza cambió. Se empezó a organizar a semejanza de sacerdotes y feligreses: los profesores subidos a un altar desde el que contemplar a los asistentes y ejercer una posición de poder, y los alumnos sentados frente a ellos en sus pupitres o bancos.

Desde entonces, poco ha cambiado. Salvo en Suecia. Allí hay quien quiere dejar todo esto para el olvido: se acabaron las pizarras y las tizas, los incómodos pupitres, las paredes…

Y los responsables de este cambio radical son los centros docentes Vittra, unas escuelas que creen en la tecnología, en llevar lo aprendido a la vida real (o más bien crear entornos de la vida real en los que adquirir conocimientos), en la riqueza de la educación bilingüe y en basar el aprendizaje de los niños en la experiencia.

En cada uno de los centros Vittra se incentiva al máximo el aprendizaje y la creatividad de los alumnos (cada  uno de ellos cuenta con su ordenador portátil personal). Su obra maestra es Telefonplan, una escuela sin aulas que abrió sus puertas el pasado agosto en Estocolmo. Su diseño corrió a cargo del estudio de arquitectura Rosan Bosch y pretende que el colegio sea una herramienta pedagógica más.

En definitiva, si entramos en una de estas escuelas estaríamos ante algo más parecido a las oficinas de Google o de Pixar que a cualquiera de las escuelas que hayamos podido ver.

Ante la creciente corriente de opinión general que afirma que tenemos un sistema educativo anclado en el pasado, ¿crees que este podría ser un buen método para renovar el modelo? Sea como sea, se trata de un proyecto realmente atractivo.