Recuperar el arte de conversar

¿Cuántas veces nos ha pasado? Después de uno de esos actos sociales a los que nos vemos obligados a asistir (un compromiso, un evento profesional), volvemos agotados a casa tras unas horas sin parar de hablar… Pero, ¿hemos conversado realmente? ¿Recordamos algo de lo que nos han dicho? ¿Hemos vivido un momento de auténtico placer solo por “charlar”?

Hablar, charlar, conversar, tener palique… Socializar y crear vínculos a partir de la conversación en lugares públicos es una tradición mediterránea que, con el ajetreo diario en las ciudades, corre el riesgo de perderse. En ocasiones hablamos mucho, pero no decimos nada. O lo que decimos persigue un interés más allá del mero placer de conocer al otro o compartir puntos de vista.

La próxima vez que nos encontremos en un entorno social, quizá vale la pena recordar algunas ideas para que la interacción con los otros no se convierta en un intercambio de datos y consigamos tener una buena y gratificante charla:

Conversar no siempre es una forma de pasar el rato. Si queremos un diálogo rico podemos tratar de huir de banalidades e intentar hablar sin miedo de nuestras inquietudes o preocuparnos de manera sincera por las del otro.
Compartir ideas (sean o no afines) es la clave de una buena conversación. No tener miedo al desacuerdo y no olvidar el respeto a la diferencia puede aportarnos grandes y profundas charlas.
No olvidemos el lenguaje corporal. Mirar al otro, sonreír, mostrar atención a sus palabras (y no al móvil) y responder con sinceridad y educación.
En ocasiones, las personas solo necesitan ser escuchadas. No intentemos dar respuestas y soluciones a todo lo que nos cuentan. Nada peor para alguien que se sincera sobre una cuestión que le preocupa que recibir un “lo que tienes que hacer es…” como respuesta.