¿Una boca sin dientes, deberíamos limpiarla?

La salud de los dientes empieza desde la vida intrauterina con el embarazo, puesto que durante esta etapa la madre debe cuidar su salud y la de su bebé.

Una buena higiene oral es un factor primario para evitar las caries y las enfermedades de las encías  más prevalentes como la gingivitis y la periodontitis. La cavidad oral funciona como un nicho ecológico que ofrece diferentes tipos de superficies que facilitan la colonización y adhesión de los microorganismos. La eliminación fisiológica de estos microorganismos se realiza cuando se producen movimientos fisiológicos como la fonación, la deglución y la masticación. Como es previsible en la boca de un bebé, la eliminación de microorganismos será ineficaz puesto que estas funciones se verán limitadas o disminuidas.

La limpieza de las mucosas cobra especial relevancia, puesto que los bebés son más susceptibles a la colonización de microorganismos oportunistas, como por ejemplo el hongo Candida. Este microorganismo que forma parte de la microbiota habitual de la boca y mucosa vaginal de los adultos, por lo general es adquirido por los niños en el momento del parto.

La candidiasis (llamada muget en la cavidad oral) es una afección que con frecuencia afecta a los lactantes menores de un año. Es  una condición por lo general benigna, pero que puede causar incomodidad, dolor, incluso falta de apetito. Esta susceptibilidad puede deberse a la inmadurez del sistema inmunológico del bebé.

Por lo tanto, queda justificada la limpieza bucal desde los primeros meses de vida. Una forma de hacer este procedimiento agradable es tratar de que se establezca el hábito de  la limpieza bucal, mucho mejor, si se realiza como parte de un juego o un momento de recreación, en donde hayan reglas que cumplir. Por ejemplo, se puede aprovechar el momento del baño para comenzar con la limpieza de la boca del bebé, ya que está relajado y disfrutará de la manipulación de su boca, será una especie de masaje para sus delicadas encías. Este ejercicio debería empezar desde el nacimiento y para ello podemos utilizar una gasa húmeda, el extremo o la punta de un paño limpio humedecido en agua para limpiar las encías (en bebés, rodetes gingivales), la lengua, la parte interna de las mejillas y el paladar, etc.

El rol del odontólogo es importante para mostrar a la madre cómo se realiza el procedimiento de limpieza de principio a fin, para que ella y su bebé repitan el procedimiento en casa de forma correcta. Es aconsejable que el bebé llegue a tomar por costumbre la limpieza bucal y que se convierta en algo cotidiano.

En resumen, la higiene oral se realiza para establecer buenos hábitos bucales con el fin de  preservar los dientes de leche desde su aparición en la boca hasta que completen su desarrollo. Crear el hábito de una limpieza bucal eficaz desde que son bebés permitirá la creación de un patrón de conducta que los acompañará siempre.