¿Taxi o chófer?

¿Qué ocurre cuando te vas de viaje y, al llegar a tu destino, pides un taxi para que te acerque, por ejemplo, a tu hotel?

La respuesta más recurrente es “como no conozco la ciudad ni las tarifas seguro que me va a engañar, me llevará por la ruta más larga, me dará un paseo turístico por todos los monumentos y me saldrá la carrera por un ojo de la cara.”

Otros pensarán “vaya, aquí no utilizan euros, no he cambiado nada de dinero y además solo aceptan efectivo, nada de tarjetas de crédito.”

Y los más desconfiados reflexionarán tanto sobre el taxi como sobre el taxista: “a ver qué me encuentro esta vez, espero que no sea un coche destartalado con el típico conductor bocazas que no para de hacer preguntas impertinentes mientras sufro el jet lag.”

Pues para todos ellos ahora hay una solución: Cabify. Como sus propios fundadores dicen, está “un paso por encima del taxi convencional.”

El servicio, disponible tanto desde la web como desde una aplicación para smartphones, permite realizar un seguimiento en tiempo real del vehículo que hemos seleccionado, conocer el modelo y la matrícula, e incluso hablar directamente con el conductor y ver su foto junto con la información más relevante sobre él.

Los vehículos son berlinas de lujo en colores oscuros, dejando a un lado los taxis convencionales. Pero tampoco se trata de un servicio de chófer privado, ya que sus tarifas son inferiores a estos, con un importe mínimo de 10 € más 1,75 €/km (propina incluida).

De momento solo está disponible en Madrid y Barcelona, pero si los clientes siguen valorando positivamente sus experiencias gracias a esta app, sus creadores esperan hacerlo extensivo a otras 13 ciudades durante el 2012.

Se acabó el levantar el brazo para parar el primer taxi que pase por nuestro lado. Basta con charlar distendidamente durante unos instantes con el conductor o echar un vistazo a su información personal para saber si el nuestro será un viaje agradable.