Soy lo que tengo

Una blanca y reluciente sonrisa en la boca es la más valiosa de sus pertenencias. No se paran a pensar si “esto es más bonito que aquello”, sino que se centran en disfrutar del momento rodeados de un puñado de bienes que los acompañan a todas partes.

Tienen claro que poseer más cosas no es el camino a la felicidad, pero también son conscientes de que su precariedad económica tiene su lado positivo y su lado negativo: por una parte solo tienen lo básico e indispensable para vivir, pero por otra parte no necesitan nada más.

Sobre esta idea se asienta el último proyecto de Sannah Kvist, una fotógrafa asentada en Gotemburgo, Suecia, en el que retrata a diferentes estudiantes suecos en un espacio cerrado y rodeados por todo aquello que verdaderamente les pertenece.

All I Own es una serie de fotografías que refleja las pequeñas posesiones que los acompañan. Normalmente se reducen a unos cuantos objetos prácticos de uso diario o recuerdos que han ido acumulando.

El proyecto está inspirado en la propia experiencia de Kvist, que se mudó a un apartamento en Estocolmo con un camión lleno de cosas, y luego salió de la ciudad con sólo una bolsa de IKEA en la que guardaba su ordenador, su cámara y un poco de ropa.

El resultado son imágenes que hablan por sí mismas: algunos tienen una cama, otros fardan de sillón o de sofá, los hay que poseen un televisor, un ordenador y cascos para escuchar música, también vemos muchos libros, algún instrumento musical, algún aparato para hacer ejercicio y poco más.

Además, ofrecen un argumento convincente para la lucha contra el consumismo y nos hacen volver a pensar en qué objetos son realmente necesarios, como… ¡el cepillo de dientes!

Fuente: Inhabitat