Siguen creciendo

Dientes De Leche

Las papillas y el primer diente de leche llegaron al mismo tiempo a la vida de la pequeña Ana. Esto no debería ser noticia, ya que a todos los bebés les sale su primer diente en torno a los 6 meses de edad, justo los que Ana tenía. Pero Ana no era un bebé cualquiera. Era uno de esos que no obligan a sus padres a levantarse cada dos o tres horas durante la noche. De esos a los que les resulta muy fácil soltar su primer “mamá”. De los que levantan envidias entre el resto de padres de la guardería. Y los de Ana encantados, claro.

A la vez que sus dientes iban apareciendo progresivamente, sus manos cada vez podían agarrar objetos con más fuerza. Desde un peluche a esos trozos de manzana que mamá le daba y que tanto le gustaban. Los dientes de leche y las ganas de caminar iban creciendo poco a poco. De hecho, cumplido el primer año y coincidiendo con su primera visita al dentista, Ana ya se ponía de pie ella sola.

Pero en algún momento algo cambió en la vida de aquella niña dulce y tranquila. De repente, antes de cumplir los 2 años, todo era “no quiero”, “no me gusta” y “no voy”. Las noches ya no eran tan placenteras ni los días tan relajados.

Su padres no sabían a qué se debía aquel cambio y una sensación de agobio y culpabilidad se apoderó de ellos, pero la solución era mucho más sencilla de lo que parecía: los dientes de leche de Ana estaban acabando de salir y en aquel período se habían ido torciendo, al mismo tiempo que su mandíbula iba creciendo. Nada que no se pudiera solucionar, a pesar de lo incómodo que resultaba para la pequeña.

El dentista tranquilizó a los papás con un “esto le puede pasar a cualquiera” y un “vosotros lo estáis haciendo muy bien”. La cuestión era que los espacios entre los dientes de Ana se habían ido reduciendo por culpa de que los dientes habían crecido un poco torcidos.

Ahora la peque tendría que acudir al dentista para ir reconduciendo este problema hasta que tuviera edad para llevar ortodoncia. Pero para eso quedaban , por lo menos, otros dos años.

Los padres respiraron aliviados y, mirando a Ana y al dentista pensaron en voz alta: “Esperamos que te lleves bien con este señor, porque en cuanto cumplas los 4 años tendrás que venir a verlo más a menudo”.

El comentario sacó una carcajada al dentista, que le regaló una piruleta de fresa a Ana, que ante la mirada atónita de pacientes y trabajadores, salió por su propio pie de la consulta.