Ríete, ¡que no duele!

Seguramente, más de uno, en algún momento de nuestra vida, hemos escuchado de la boca de nuestras madres un “déjate ya de perder el tiempo viendo tonterías en la televisión” mientras, aunque con el cuerpo bien asentado en el sofá, no podíamos parar de hacer movimientos espasmódicos acompañados de una gran carcajada.

Esos momentos en que parece imposible que la risa termine y en los que la relajación empieza a aparecer y sentimos cómo un leve dolor en la barriga se hace presente.

Pues aunque a alguna madre le pareciera una pérdida de tiempo, lo que seguramente no sabía (ni nosotros tampoco) es que lo que en realidad estábamos consiguiendo era un tipo de defensa natural que nos protegiera ante cualquier posible dolor que pudiéramos sufrir en los instantes siguientes.

Y es que, según ha demostrado una investigación de la Universidad de Oxford publicada en la revista técnica Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, reír a carcajadas es el mejor analgésico, ya que esto provoca que el cuerpo segregue endorfinas que, además de generar euforia, calman el dolor.

En el estudio participaron voluntarios divididos en 2 grupos, uno de los cuales visionó videos de humor durante 15 minutos. Durante el mismo tiempo, el otro grupo vio otro tipo de programas. Una vez finalizado este periodo, los voluntarios fueron sometidos a pruebas de dolor (como soportar bolsas de hielo en los brazos hasta que pudieran aguantar) y los resultados fueron concluyentes: aquellos que se habían reído consiguieron resistir más el dolor que los que vieron los vídeos aburridos.

Es más, dentro del grupo de los videos humorísticos, únicamente aquellos que se rieron a carcajadas notaron el efecto analgésico a la hora de soportar el dolor, lo que muestra que el efecto es diferente también dependiendo del tipo de risa.

Así que ya sabes, ríete, y ríete bien, que no hay mejor solución contra el dolor que una buena carcajada.