Miel sin miel

Hay quien compra aire, y hay quien se hace millonario vendiéndolo. ¿Que lo del aire no es tan raro? Pues también podemos comprar, por ejemplo, piedras. Incluso los más románticos pueden encontrar en el mercado caricias, besos, abrazos y kilos de amor.

Cada una de estas ideas surge por un motivo diferente y, por una razón o por otra, hay gente que se interesa en adquirir estos productos. Eso sí, saben lo que están comprando y, una vez pagado pueden “disfrutar” de ello.

Pero, en contra de lo que podamos pensar, esta regla no se cumple en todos los casos. Por ejemplo, con la miel. Porque la miel sin polen, no es miel, igual que el agua sin agua, no es agua, el aire sin aire, las piedras sin piedras…

Y como recientemente ha descubierto un estudio realizado por Vaughn Bryant, director del Laboratorio de Investigación en Palinología de la Universidad de Texas A&M, el 75% de lo que se comercializa como miel no contiene polen y, por lo tanto, no es miel.

¿Qué cómo es esto posible? Pues por medio de un proceso llamado “ultra-filtrado”, mediante el cual se adultera la miel hasta convertirla en una sustancia totalmente distinta y sin ninguna de sus beneficiosas propiedades.

Ahora ya sabemos que cada vez que nuestra boca saborea un producto que parece miel, huele como la miel y sabe a miel, existe un alto porcentaje de posibilidades de que no sea miel. Curioso, ¿verdad?