¡Menudos despertares!

Si es que hay días y días. Algunos en los que duermes mejor y otros e los que es imposible coger el sueño, por mucho que el cansancio haga mella. Los hay en que te cuesta coger la postura, que empiezas a dar vueltas y más vueltas en la cama, y los que, nada más poner la cabeza en la almohada, cierras los ojos y se acaba el día.

Aunque te enredes con las sábanas, las dejes a un lado, saques los pies al fresco, te tapes hasta la frente… o encuentres la postura nada más tumbarte en la cama, tienes que tener en cuenta cómo te levantarás al día siguiente.

Y no hablamos de descansar mejor o peor. Ni de esas posturas extrañas que acarrean una ligera tortícolis. Ni de despertarte al revés.

Hablamos de ese mal aliento matutino con el que a veces nos despertamos. ¿Sabes a qué se debe? Pues, a que las partículas de los alimentos se quedan toda la noche fermentando en la boca debido a que producimos menos saliva mientras dormimos. Es decir, que debemos eliminar esos restos que se quedan atrapados entre nuestros dientes antes de irnos a dormir. Además, las enfermedades dentales también ayudan a ese mal aliento.

Por eso un buen cepillado de dientes todas las noches es imprescindible, tanto para prevenir posibles problemas bucodentales futuros, como para levantarnos con un aliento fresco y agradable.