“Llegaré tarde, estoy en un atasco”

Intento abrir los ojos, pero a ellos no les apetece. Parece que no quieren ver la realidad, los rayos de sol entrando por la ventana, el nacimiento de un nuevo día. Noto una sensación extraña, estoy demasiado descansado para lo que suele ser habitual. Cierro los ojos y los restriego con mis índices. Abro la boca con un gran bostezo. Después otro más pequeño. Alargo la mano hacia la mesilla de noche, alcanzo el móvil, lo desbloqueo y… ¡son las 8:30 de la mañana!

Me levanto como un resorte y corro hacia el lavabo. Le dirijo una mirada fulminante al tipo que me encuentro en el espejo: “¡¿cómo puedes haberte quedado dormido?!”. Un poco de agua fría por la cara para despejarme, un cepillo y pasta de dientes, un poco de desodorante y directo a por el coche. Todo en un tiempo récord: 12 minutos y 36 segundos. Y un pequeño detalle: las llaves del coche no han salido de casa. Aún tengo cierto margen para llegar no muy tarde.

Vuelvo a subir y vuelvo a bajar. Abro la puerta del copiloto y dejo el maletín bien colocado, con el broche hacia arriba, por si hay que cambiar de estrategia y necesito echar mano de algún documento durante el trayecto. Entro en el coche. Mientras lo saco del garaje trazo el plan a seguir: semáforo número 1, nudo de la corbata. Semáforo número 2, un poco de colonia. Semáforo número 3, peinado. Semáforo número 4, revisar los e-mails. Ya estoy en la carretera. Por delante, un trayecto de 25 minutos. Tiempo disponible: 15 minutos. Justo, muy justo. Pienso “¿cuántos cientos de currantes nos encontramos en esta misma situación a esta misma hora?” y la vida me responde al llegar al primer semáforo: “muchos, ¿no ves el atasco?”.

A partir de ese momento y durante la siguiente hora y media no me puedo sacar de la cabeza a Jorge Izquierdo. Y pensarán ustedes: “¿por qué un currante, que se acaba de quedar dormido y está en medio de un atasco rodeado de cientos de currantes como él, piensa en un chaval madrileño de 14 años?”.

Pues, por extraño que parezca, la respuesta es muy sencilla: uRlate, la aplicación para los atascados. Una app que permite notificar a otras personas (jefes, profesores, padres, amigos… o cualquiera que esté esperando) que alguien está en un atasco. Esa persona recibirá un sms o un mail con la localización y una foto del lugar que tiene atrapado al que envía el mensaje.

Así de fácil y así de rápido me hubiera ahorrado la gran bronca que me tocó aguantar cuando llegué al trabajo, cansado y enfadado, a las 10:05. “Si lo sé, me lo tomo con más calma.”