La sensibilidad dental: la peor enemiga del verano

Se acerca el verano: días más largos, más soleados y mucho más calurosos. Lo que más apetece es disfrutar del tiempo en la calle, con amigos, al sol y tomar algún que otro refresco para pasar el calor de la forma más sabrosa posible.

Sin embargo, hay veces en las que nos vemos obligados a dejar de tomarlos. Nada de helados, ni sorbetes, ni granizados ni bebidas acompañadas de hielo. Probablemente porque la última vez que los probamos sentimos un dolor agudo en los dientes después de un contacto directo con esas bebidas y/o alimentos muy fríos que tanto nos gustan.

Esa sensibilidad dental que notamos y que nos impide volver a tomar alimentos muy fríos (con alimentos muy calientes también nos podría pasar) se produce cuando hay una pérdida de esmalte dental o cuando hay una retracción de la encía y el diente queda descubierto sin ninguna protección.

Y… ¿eso significa que no podremos tomar ni bebidas ni alimentos muy fríos en verano? ¿Tendremos que dejar de tomar esos helados y granizados que tanto nos gustan en una noche de verano? No, no tenemos por qué dejar de hacerlo.

¡La sensibilidad dental puede tratarse! Para los casos más graves se recomienda acudir al dentista para seguir un tratamiento desensibilizante. Pero nosotros también podemos ayudar a reducir la sensibilidad dental.

¿Cómo reducir la sensibilidad dental?

En primer lugar, manteniendo buenos hábitos de higiene bucal. Se recomienda el uso de productos específicos para tratar la sensibilidad dental como pastas dentífricas y colutorios no abrasivos que forman una capa protectora sobre el esmalte, previniendo la sensibilidad dental.

En segundo lugar, con el uso de cepillos de dientes con filamentos suaves, con extremos redondeados y superficie lisa después de tomar estos alimentos, ya que suelen tener un alto contenido de azúcares, también ayudará a efectuar una limpieza delicada, sin dañar el esmalte ni las encías.