La importancia de la respiración nasal en el desarrollo de la boca

En diversos artículos anteriores he recalcado la importancia de la lactancia materna y de la alimentación en el correcto desarrollo de las estructuras que componen la cavidad bucal: el maxilar superior e inferior, la lengua, los músculos, los dientes, etc. Hoy le toca el turno a otro componente que juega una función crítica en el desarrollo de estos componentes: la respiración.

Una función que realizamos tan a la ligera, sin siquiera pensarlo, sin tomar en cuenta, sin recordar que existe, salvo cuando se nos obstruye la nariz, o tenemos algún problema respiratorio como asma, rinitis crónica, adenoiditis, sinusitis, hipertrofia de las amígdalas, de los cornetes, desviación del tabique nasal, pólipos nasales, etc. y que tantos problemas puede traer si no se realiza adecuadamente, trayendo consigo como consecuencia cambios faciales, craneales, dentales, posturales y fisiológicos.

El propósito de este breve artículo es recordarte -sobre todo si eres madre de un niño pequeño- que además de acudir al pediatra y al odontólogo para los controles regulares de tu hijo, lo lleves también a un buen otorrinolaringólogo en caso de observar dificultades respiratorias persistentes.

No te asustes: no hablo de alarmarte si tu hijo tiene un par de gripes al año, sino de observar si ronca consistentemente, si respira la mayor parte del tiempo por la boca, etc. porque la respiración -la entrada de aire concretamente y el esfuerzo muscular que supone- va a moldear las estructuras óseas que están en crecimiento y favorecer su correcto desarrollo.

Un niño que no respira adecuadamente durante años consecutivos, probablemente tendrá un aspecto de respirador bucal conocido en la literatura médica como facies adenoidea, lo cual incluye: cara alargada, ojos caídos, ojeras, nariz estrecha, narinas pequeñas, labio superior corto con falta de tonicidad muscular, labio inferior grueso e hipertónico, además de evertido (girado hacia fuera).

A modo de conclusión: los problemas respiratorios crónicos no tratados pueden traer complicaciones tanto locales como generales por lo que vale la pena tratarlos a tiempo. De esta manera, trabajando conjuntamente con un ortodoncista y un otorrinolaringólogo, se ataca la causa de la respiración bucal y se estimula mediante tratamientos ortopédicos (realizados durante el crecimiento del niño) el desarrollo idóneo de las estructuras que de otra manera hubieran resultado afectadas.