Joyas comestibles

El Oro Comestible Usado En Postre De Chocolate Con Frambuesas

 

Las innovaciones que se están produciendo en la gastronomía nos dejan, a menudo, con la boca abierta.  La incorporación de “nuevos” ingredientes ha llegado hasta la tabla periódica. Del uso del nitrógeno líquido por Ferran Adrià y sus sucesores,  ahora se ha pasado al más preciado de los elementos: el oro. Este metal usado como “condimento” llegó a los platos durante la pujanza económica, cuando salpicaba con su brillo ensaladas y caros champagnes por igual.

Aunque vivimos tiempos menos dados a excesos, el oro añade un toque de sofisticación a cualquier plato y, más allá de la aportación estética del mineral, parece que tiene también sus beneficios, aunque no se considera, ni mucho menos, un elemento fundamental para la salud, como lo son el hierro o el calcio.

Por su elevado precio, resulta más conveniente confiar esas funciones a una dieta equilibrada y, en general, una vida activa y saludable. Pero si nos queremos dar el capricho, el oro comestible (generalmente de 22 quilates) se comercializa en láminas (de aspecto similar al “pan de oro” que se utiliza en la artesanía) o en copos en una suerte de salero que nos permite espolvorear el precioso metal para hacer lucir hasta la menos lucida de nuestras ensaladas.

Por cierto, para los que buscan un efecto más sutil, la plata también ha empezado a llegar a la cocina en formatos similares.