Estrés e hipersensibilidad dental

En cuanto el semáforo se pone verde, Mario pisa el embrague, mete primera y sale acelerando. En el asiento trasero un turista lo mira fijamente, como tratando de meterle prisa. Tienen 15 minutos para llegar al aeropuerto. O eso o el turista tendrá que quedarse unas horas más en la ciudad. Y no parece muy dispuesto a ello.

Mario aprieta los dientes, tenso, estresado, y no deja de echar miradas fugaces al retrovisor buscando la cara de su cliente. Sus dientes no paran de rechinar mientras el pasajero mira constantemente su reloj, como intentando detener el tiempo.

En cuanto atisban el aeropuerto, una sonrisa invade la cara del turista. Y en la cara de Mario empiezan a observarse síntomas de relajación.

Llegan a la terminal, aparcan en doble fila, el turista paga, Mario le da el cambio, el turista coge su maleta y sale corriendo a toda prisa. Mario aparca el taxi un poco más adelante para descansar y hacer una llamada.

Sale del taxi, coge el teléfono y empieza a hablar. “Pues no demasiado bien, me siguen doliendo bastante los dientes. Sí, ya sé que debería ir al dentista… Que sí, que ya sé que es hipersensibilidad y que tengo que andar con cuidado para no sufrir caries ni ninguna enfermedad en las encías. Pues podría ir ahora, la verdad es que hoy estoy bastante cansado. Vale, lo llamo, a ver si me puede dar cita. Un beso”.

Cuelga y vuelve a llamar. “Hola, soy Mario Suárez. Sí, por el tema de la hipersensibilidad. ¿Bruxismo? Sí, ya sé que debería relajarme, pero ya sabe cómo es esto del taxi… Perfecto, el martes estoy ahí para el diagnóstico. Muchas gracias”.

No fue fácil, pero Mario consiguió, con el tiempo, no volver a rechinar los dientes. Y, lo que él más echaba de menos, volvió a poder comer polos de limón, sus favoritos.