No es un capricho

A Daniela se le ponían los dientes largos cada vez que escuchaba hablar a sus amigas de las increíbles historias que les ocurrían en sus viajes alrededor del mundo. Y le pasaba más o menos lo mismo cuando el tema de conversación eran los modelitos de tal diseñador que estaban de moda y que se habían comprado en tal tienda.

Y pensaba que quizá ella nunca podría vivir aquellas historias o que nunca podría comprarse aquellos vestidos, pero tampoco lo necesitaba. Ella podía conformarse con subirse al carro del low cost y disfrutar de paisajes maravillosos, aunque menos lujosos, o ir a la moda con unos trapitos de unos pocos euros. Eso sí, muy de cuando en cuando.

Si algo tenía claro era que los gastos hay que hacerlos en lo que es realmente importante. Los caprichos, cuando se pueda. Porque hay cosas que no dependen de la moda, ni siquiera son un tema estético, sino que son cuestión de salud. Como ir al dentista.

Daniela había escuchado eso de “a mí que no me quiten mis cenas de los viernes” y cosas por el estilo. Y ella pensaba, “a mí que no me quiten mi visita anual al dentista. Y la de mis peques. La boca, que solo tenemos una y es para toda la vida, hay que cuidarla”. Cuestión de prioridades.

Y es que, como en todo, la clave está en la educación. No importa tanto el hecho de preocuparnos en exceso de nuestros dientes, sino ser conscientes de que la boca es un órgano único, que influye en la salud general y que la higiene bucodental es una parte importante de los hábitos saludables de cada persona.