El cuidado de las encías

Si bien muchos de nosotros prestamos atención a los dientes -después de todo gracias a ellos podemos tener una sonrisa estética, una correcta fonación, masticación y digestión- a veces dejamos olvidadas las encías.

Hoy hablaremos de su importancia y de cómo cuidarlas con unos sencillos pasos. Las encías recubren el hueso alveolar donde están “sembradas” las raíces de los dientes. Este hueso es el que da soporte a las piezas dentarias, que están unidas entre ellas por el ligamento periodontal, luego la estructura ósea está recubierta por la encía, quedando un fino surco entre diente y encía llamado surco gingival.

En este surco pueden acumularse restos de alimentos o de placa dental, ya sea en las caras visibles de los dientes (vestibulares: que miran hacia las mejillas; palatinas o linguales: que miran hacia el interior de la boca) o en las áreas interdentarias (donde se tocan dos dientes adyacentes).

Para eliminar estos restos de alimentos, lo cual nos ayudará a tener una correcta higiene bucal y una salud gingival óptima, podemos hacer uso del hilo dental. Cogeremos un trozo de unos cuarenta centímetros de longitud y lo enrollaremos por sus extremos en el dedo medio de cada mano, procurando que esté mucho más largo (y por ende; mucha mayor longitud enrollada) en una mano que en la otra.

¿Para qué hacemos esto? Para asegurarnos de usar un trocito de hilo limpio -y diferente- cada vez que lo introduzcamos entre dos dientes. Es por esta razón que al sacar el hilo de entre dos dientes para pasar al próximo contacto interdentario, debemos desenrollar unos centímetros de seda dental desde el dedo que tenía mayor longitud enrollada y enrollar el excedente en el que tenía menos.

De esta manera, comenzaremos introduciendo suavemente el hilo en los espacios interdentarios, y lo bajaremos suavemente, formando una “C” en una dirección, y luego en otra. Así, el hilo entrará en el surco gingival, eliminando cualquier resto de alimento que pudiera haber quedado impactado entre dos dientes adyacentes.

Sin embargo, el uso del hilo dental, que debe comenzar en la infancia, no es la única manera de cuidar las encías. Los bebés pequeñitos, como les comentaba en una entrada anterior, también deben comenzar con una rutina de higiene bucal.

Obviamente, debe ser realizada por la madre, y antes de la erupción del primer diente, podemos comenzar limpiando suavemente los rebordes gingivales con la ayuda de una gasa de algodón estéril humedecida con agua potable. Enrollaremos esta gasa en nuestro dedo índice, y daremos un leve masaje por los rebordes gingivales, eliminando cualquier resto de leche que pudiera haber allí.

Además, la limpieza con gasa en bebés tiene la función de acostumbrarlos a limpiar la boquita, igual que hacemos con el resto del cuerpo. Estaremos estimulando la zona, y el pequeño poco a poco lo aceptará como una parte rutinaria de la higiene.

También podemos hacer uso de dedales de silicona para la higiene de las encías del bebé.