Dientes blancos y esmalte protegido

Deporte Y Salud Bucal

Sí, había mejorado mucho. O por lo menos eso era lo que pensaban de él todos sus compañeros de gimnasio. Y Germán también se veía bien, mucho mejor que un par de años atrás, cuando él mismo se definía como “la radiografía de un silbido”. Pero no había empezado a hacer deporte por una mera cuestión  de imagen, sino pensando también en su salud y en su vida diaria: en esas escaleras imposibles de subir sin fatigarse, en esas bolsas de la compra que parecían pesar 10 kilos más, en esas salidas en bici en las que sus amigos tenían que parar a esperarlo cada 2 por 3.

El ejercicio, una buena alimentación y unos hábitos cumplidos a rajatabla eran sus secretos. Eso sí, sin obsesionarse. Siempre que las chicas le soltaban algún piropo se lo tomaba a broma y, casi al mismo tiempo, algún amigo le soltaba el típico “si es que estás como un toro”.

Pero Germán repetía una y otra vez lo mismo, “Estoy en forma. ¿Fuerte? Mucho más que antes, pero sin pasarme. No quiero ser uno de esos croissants andantes”. Eso les decía a todos menos a Suso, ese que hacía tiempo que lucía los dientes más blancos jamás vistos en aquella pandilla de amigos. “¿A dónde vas así, Suso?”, le espeta Germán cada vez que quiere hacerle una broma. “Eso sí que es una obsesión… ¿O es que no tienes ni idea de que estás desgastando el esmalte de tus dientes cada vez que utilizas uno de esos trucos caseros? Que si bicarbonato, que si limones, agua oxigenada… Tendrías que usar productos específicos que protejan el esmalte, que sino dentro de nada más que deslumbrarnos nos vas a dejar pasmados del susto. Que los dientes tienen un blanco natural y no tienes que pasarte”.

Sí, es cierto, cada vez que Germán se metía con Suso todos se reían. Pero no es menos verdad que todos seguían sus consejos. Y es que Germán veía a gente obsesionada con su cuerpo casi todos los días y sabía de lo que hablaba. Y también sabía de blanqueamiento dental, por eso usaba VITIS blanqueadora.