De piscinas, cloro y caries

Paloma había abandonado los manguitos hacia años, aquellos manguitos que sin saber muy bien cómo habían ido pasando de mano en mano hasta llegar a ella, aquellos manguitos que habían visto los primeros chapuzones de sus primos y los primeros veranos en la casa de la playa.

Aquellos manguitos eran los responsables de que hoy en día Paloma estuviera sumergida en una piscina en eternas sesiones de 6 horas diarias durante 6 días a la semana. Por ese mismo motivo, aquellos manguitos también eran responsables de algo que traía de cabeza a Paloma: las caries.

Un buen día, entre sesión y sesión de entrenamiento, Paloma estaba ojeando una revista para nadadores profesionales y se detuvo en un artículo que le pareció más que interesante. Hablaba de cómo el cloro de las piscinas podía afectar a la salud bucal de los nadadores profesionales e indicaba que el cloro de las piscinas puede llegar a dañar el esmalte dental hasta favorecer la aparición de caries. Esto se debe a que el PH de éste es más alto que el de la saliva y que esto puede producir manchas en los dientes, acumulación de sarro y daños en el esmalte.

Paloma siempre se había preocupado de mantener sus dientes limpios y sanos, pero desde ese día decidió redoblar los esfuerzos.

Y ahora que el verano había llegado y que la casa de la playa se había convertido en la casa de la piscina, era la pequeña María, su hija, la que correteaba de un lado para otro con los manguitos puestos. Y detrás, Paloma, persiguiéndola con el cepillo de dientes en la mano. Y no porque para María fuera un sufrimiento lavarse los dientes, sino porque tenía planes más divertidos.

 

Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/07/03/buenavida/1435937639_469977.html