Compartir sí pero…

“Cariño, ¿quieres que me pida yo el filete y tú te pides el risotto? Así los dos probamos un poco de cada uno”, “por supuesto que sí, cariño”.

Así son Jorge y Sonia, muy de compartir. Y lo hacen con todo: cada vez que van de viaje en coche siempre llevan a otros pasajeros hasta ocupar todas las plazas. Lo habían hecho también en el pasado, compartiendo con otros compañeros los 4 o 5 pisos en los que habían vivido los últimos años. Y la verdad es que les gusta.

De hecho, entre ellos se prestan absolutamente todo: Jorge usa el secador de pelo de Sonia, Sonia se pone las camisetas y sudaderas de Jorge… Tenían mucha suerte de haberse encontrado.

Sus amigos estaban divididos en dos grupos: por un lado, los que alucinaban con ese romanticismo de ver cómo dos almas gemelas lo comparten absolutamente todo; el resto lo veía como una actitud un poco paranoica.

Y todo siguió igual, hasta que un día uno de sus amigos preguntó, a modo de broma, si incluso compartían el cepillo de dientes. Estaba claro que todos esperaban que la respuesta fuera no, pero no tan contundente.

“¿Estás loco?”, le espetó Jorge. “Pero si os besáis constantemente”, replicó su amigo. “Está claro que nos damos besos, que incluso bebemos de la misma botella, pero ¿lavarse los dientes con el mismo cepillo? Hay bacterias que no se transmiten en los besos, pero sí al usar el mismo cepillo de dientes, como las de la placa dental. ¿Y si a uno de los 2 nos sangran las encías? Los dentistas dicen que los riesgos son comparables a los de compartir una cuchilla de afeitar.”

Y después de la explicación de Jorge, Sonia también dio sus motivos. “No es solo porque se puedan transmitir enfermedades, es que, por ejemplo, Jorge necesita un cepillo suave y si yo utilizara el suyo no me valdría de mucho cepillarme. Dicen que compartir es vivir, ¿no? Pero también hay que saber qué compartir”.

 

Fuente: http://elpais.com/elpais/2014/10/06/buenavida/1412608808_343432.html