Cinco consejos para un cepillado infantil ameno


Como ya hemos dicho en anteriores ocasiones, la higiene oral infantil debe iniciarse en el recién nacido -sin esperar a que hagan erupción las primeras piezas dentarias- mediante una gasa de algodón humedecida en agua potable.

Esto se realiza por varias razones; una de ellas, obviamente, es para mantener la boca del bebé limpia de restos, y otra -menos evidente, pero igual de importante- es la de acostumbrar al bebé a que introduzcamos en su boquita un implemento para limpiar su boca, al igual que a la idea de que la boca se limpia tal y como hacemos con el resto del cuerpo.

En este sentido -generalmente por desconocimiento- muchos padres no inician la higiene bucal de sus hijos hasta cerca de los dos años, muchas veces cuando el niño ya tiene caries en boca, y opone -comprensiblemente- resistencia a que sus dientes sean cepillados (ya a los dos años, debemos usar cepillo -aquí te contamos cómo escogerlo adecuadamente).

Conviene entonces hablar de algunos consejos que nos ayudarán a hacer amena la hora del cepillado, dentro del marco de la crianza respetuosa, hayamos empezado a tiempo, o no, con este hábito imprescindible.

  1. Realizar la higiene en un momento en el que el niño esté relajado y de buen humor. Si contrariamente, esperamos a que esté agotado, casi durmiéndose y lo levantamos para llevarlo al baño a limpiarle los dientes, tiene muchas más probabilidades de disgustarse que si le limpiamos la boquita bajo la ducha, por ejemplo, explicando que limpiamos los deditos, las orejitas y también los dientitos.
  2. Negociar y dar opciones dentro de lo razonable. Sabiendo escoger adecuadamente un cepillo dental y una pasta dentífrica, y sabiendo que el cepillado muchas veces es visto como invasivo desde el punto de vista del niño, conviene otorgarle al niño cierto poder de decisión de modo que se sienta partícipe del proceso. Podemos, bajo este punto de vista, acudir a una farmacia o supermercado, preseleccionar los cepillos que consideremos adecuados para el niño, y dejarle a él escoger cuál o cuáles quiere usar y comprárselos. Cuando el cepillo tiene su color o su personaje favorito, le entusiasmará más cepillarse.
  3. Proponer una actividad agradable para el niño -no a modo de chantaje ni recompensa, sino continuando con alternativas y opciones. Podríamos preguntarle si prefiere jugar con marionetas luego de cepillarnos, o leer un cuento. No estamos hablando de un premio por haberse cepillado sino de una actividad que le agrada y podemos hacer luego, así en cierto modo tendrá algo que le ilusione luego y le motive a cepillarse (además de obviamente haberle explicado por qué debemos limpiarnos bien la boca: dientes brillantes, limpios, para honrar el cuerpo, cuidarlo, estar sanos, etc.).
  4. Evitar amenazas, castigos y argumentos negativos. Siempre recomiendo a aquellos padres que toman mis cursos y me consultan sobre el tema evitar mostrar el lado negativo de no cepillarnos y enfocarse en el positivo. Nos cepillamos para cuidarnos, igual como hacemos con el cabello, por ejemplo; no para evitar la caries, ni porque la caries duela, ni para que no se nos caigan los dientes, etc. ¿Para qué infundir temor en el niño cuando podemos hacerle entender de forma positiva la importancia de cuidar su cuerpo?
  5. Reservar un juguete para la hora del cepillado. Podemos tener unas marionetas, un muñeco, algún objeto interesante con el que el niño sólo pueda jugar mientras le estamos cepillando los dientes. De esta manera, le hará ilusión dejarnos cepillarle con calma y de buena manera, mientras explora o sostiene en sus manos este juguete especial al que sólo tiene acceso en estas ocasiones.

¿Tienes algún otro truco positivo y respetuoso para hacer agradable el cepillado de tus niños? Cuéntamelo en los comentarios.